
Mi historia
Desde muy joven sentí una necesidad profunda de comprender a las personas y de contribuir, de alguna manera, al bienestar de los demás.
Pero ese interés no nació solo de la teoría.
Nació de mi propia historia.
De pequeña fui una niña sensible, con muchos miedos y con la sensación de tener que enfrentar sola situaciones que me superaban. Durante años aprendí a sostenerme como pude, desarrollando estrategias que no siempre eran las más sanas, y conviviendo con malestar emocional y físico que no sabía explicar.
Hasta que la psicología apareció en mi vida.
Empezar terapia fue un antes y un después.
Me ayudó a entender que lo que me pasaba no era “el problema”, sino la consecuencia de algo más profundo.
Ahí comprendí algo que hoy guía mi trabajo:
la importancia de crecer en un entorno familiar que acompañe, sostenga y cuide emocionalmente.
Mi camino profesional fue tomando forma poco a poco.
Primero como maestra, movida por mi vocación educativa, y más tarde como psicóloga, especializándome en el ámbito familiar e infanto-juvenil. Durante esos años también colaboré con distintas ONG, incluso como cooperante, lo que amplió profundamente mi forma de ver la vida y a las personas.
Y entonces llegó uno de los momentos más importantes de mi vida: ser madre.
Mi hija me enseñó el amor más profundo que he conocido.
Un amor que te transforma, que te empuja a crecer y que te conecta con lo verdaderamente importante.
Gracias a ella me convertí en una persona más consciente, más valiente y más comprometida.
Pero también llegó la separación de su padre.
Y con ella, uno de los procesos más difíciles y transformadores que he vivido.
Me encontré teniendo que tomar decisiones complejas, gestionar emociones intensas y, al mismo tiempo, proteger lo más importante: el bienestar de mi hija.
Ese proceso me llevó a mirar de frente muchas cosas, a reconstruirme y a entender, desde dentro, lo que significa atravesar una separación cuando hay hijos.
Hoy, con perspectiva, lo tengo claro:
los niños no necesitan familias perfectas, necesitan adultos que se responsabilicen, que trabajen en sí mismos y que sean capaces de priorizar su bienestar por encima del conflicto.
Por eso acompaño a madres y padres que están pasando por una separación y no quieren que esa situación marque negativamente a sus hijos.
Porque sé lo difícil que es.
Pero también sé que se puede hacer de otra manera.
No tienes que hacerlo solo/a.
Estoy aquí para escucharte, acompañarte y ayudarte a construir una nueva etapa más consciente, más estable y más respetuosa para ti y para tus hijos.
Con el acompañamiento adecuado, todo puede recolocarse. Y el camino, poco a poco, se vuelve más llevadero.
Si estás en este momento, puedo ayudarte.



